Friday, July 5, 2013

Amor de verano.


¿Qué haría sin él?

Nuestro amor siempre ha sido muy intenso. Hemos tenido nuestros más y nuestros menos... pero siempre ha estado ahí, para mí.

Recuerdo que nos pasábamos los veranos juntos, sentados uno frente a otro, muy cerca. Todo era perfecto hasta que en el verano del 98, aproximadamente, me diagnosticaron una enfermedad: neumonía. 
Inmediatamente le acusaron de ser el causante de mis males y nos separaron. 
Pero la culpa fue mía, por amarlo tanto. 

Mi madre, enfadada a la par que preocupada, dijo que se acabó, que no lo vería más, que nuestra relación no era sana. Yo no quería creerlo pero con el tiempo aprendí a vivir con su ausencia. 
La enfermedad solo duró todo el verano y no volví a verle hasta el siguiente.

Lo descubría en el salón, con mis padres, pero no me dejaban acercarme a él... fue duro. 
Con el paso de tiempo me busqué aficiones para no pensar en la forzosa separación con mi amado. Construía casas de cartón en la terraza y asomaba los pies por los barrotes mientras leía tebeos... 
Así pasaron los años y cambiamos de casa. 

Las aficiones habían funcionado porque ya no pensaba con obsesión en mi amor, hasta que un día del nuevo milenio, nos reencontramos.
Yo estaba comiendo un helado y dando vueltas descalza por mi casa cuando le sorprendí en el salón al lado de mi abuela... ¡Cuantísimo le había echado de menos! 

Mi madre comprendió que era un amor tan fuerte que no podría separarnos aunque me costara mil enfermedades... y ahora, hemos vuelto. 
Volvemos a sentarnos cerca, me da todo cuanto pido... pero algo ha cambiado en él, no es del todo como lo recuerdo...  
Antes de quedarme dormida tengo que decirle que pare, ya no sabe cuando hacerlo... y muchas veces se queja, como si le pesara la vida... 

Aun así espero que nuestra relación sea eterna porque, te amo ventilador, sé que no volverás a hacerme daño... sé que no eres de esos que mutilan los dedos a sus propietarios.

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