Saturday, July 27, 2013

El espíritu.


El espíritu del que voy a hablar no hace volar sillas, ni te hace cosquillas en los pies cuando te asoman por debajo de las sábanas, ni se manifiesta en tus paredes en forma de humedad... no.
Podría hacerlo, está a la orden del día... pero prefiero escribir sobre un espíritu que se está perdiendo... El aventurero.

Amigos, amigas... a este capítulo de mi vida lo llamaré: EL CAMPING; Fauna y flora.

Las emociones comienzan mucho antes de partir, cuando tienes que meter toda tu ropa de forma más estratégica que en una maleta convencional porque ahora, llevas mochila.
La mochila, por supuesto, será 2 veces tu tamaño y cargarla será comparable a llevar a Falete a caballito.
Sacar algo del fondo de esa mochila será toda una aventura, pero, eso nos gusta.

Una vez preparado todo, te subes al autobús que te lleve a tu destino... (si te subes a otro también es aventura, como quieras). Te esperan 5 horas de viaje, podrían ser menos, podrían ser más... depende de las chorrocientas paradas que haya marcadas en el camino.
¿Desconectar escuchando música? Olvídalo. Debemos ser juiciosos y reservar las baterías de nuestros móviles para posibles emergencias, o no llevar móvil... que también es aventura. Así que ahora que no tenemos móvil ya podemos hacer amigos en el autobús, que también es bonito.
Sustituir el Candy Crush por una vida real es una experiencia que os puede dar miedo, pero a la larga, llena más.

Montar la tienda... la verdadera esencia del camping.
Si eres un flojo, seguramente tendrás una Quechua, que la lanzas y ya está, montada y lista para entrar a vivir... pero ¿No es más bonito andar metiendo varillas, clavando piquetas y estirando el cortavientos?
Durante este proceso es posible que encuentres incluso al hombre/mujer de tu vida, que te preste su mazo o te alumbre con su linterna.
También puedes irte a un hostal, pero eso no tiene nada de aventurero... no sentirás la lluvia con la misma emoción...esa incertidumbre de no saber si tu tienda será una piscina cuando entres. Eso solo lo vive un campista.

En cuanto a la higiene... Sí, los campistas se duchan.
No importa que de la alcachofa de la ducha caigan estalactitas y no importa que estén infestadas de hongos, para eso tenemos chanclas, igual que tienen condones los que se van de prostitutas.
A la hora de evacuar tenemos un sinfín de posibilidades... (¿Un w.c? ¡Qué aburrido!)
Podemos ir a los baños portátiles donde encontraremos ARTE en las paredes. Pinturas hechas por el propio ser humano utilizando distintas técnicas y materiales como sus propias manos o los tampax de Amaia Salamanca... o podemos ir a unos arbustillos apartados, qué, a lo mejor, resultan ser ortigas... y eso, también es aventura, y flora.

Cambiamos el pollo de mamá por la supervivencia a base de bocadillos de nocilla untados con el dedo, Los coches por el mar y sus hurtos de bañadores, los tacones por las zapatillas de trote... y sí, lo cambiamos, porque eso es tener espíritu aventurero.

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