Wednesday, November 20, 2013

Breve historia de amor


Salía yo de la universidad, en la nocturnidad burgalesa... desorientada por llevar allí más horas de las que había dormido... cuando mi simpática compañera de pelo amarillo, ojos de mar y bici color chicle se ofreció a llevarme en la parrilla hasta el árbol donde yo había aparcado mi bici.
Era un camino de 10 metros, pero acepté por hacerla feliz... sé que le encanta poner en peligro la vida de la gente en esa bici de la guerra civil.
Total, que a los 3 segundos de subirme a la parrilla y pedalear un poquito... ya habíamos llegado a mi bici, pero... Sorpresa! La bicicletista loca no quería parar... yo, con gran miedo en el cuerpo... decidí hacer lo que creía, sería mejor para seguir con vida..
Salté. Salté hacía atrás como si fuera un potro inverso... la inercia me llevó hacía adelante y mi cerebro pensó que iba a darme un planchazo contra el suelo.. pero me salió el Billy Elliot que llevo dentro y me estabilice.

Hasta aquí todo bien.
Me subí en la bici dispuesta a encontrar el amor después de esta experiencia cercana a la muerte..
Eramos todos felices, reíamos y pedaleabamos... no veíamos porque cuando yo paso por un sitio, las farolas se apagan... cosa del universo, que no quiere que exista más y me pone obstáculos o me hace bullying psicológico pero resisto.

Abandonamos el recinto universitario y ahí estaba... esperándome, pero no estaba segura de acercarme.
Solo me quedaba elegir un camino... izquierda o derecha. Pedaleaba tan despacio que podía ir hacia atrás, pero era una decisión muy importante y tenía que tomarme mi tiempo..
No era capaz de decidirme y elegí el camino del medio, un camino que no existía pero que yo cree...
entonces el universo puso un bordillo en medio del camino, un bordillo en forma de mano de satanás que torció la rueda de mi bici y me hizo tomar otra decisión...
Mi cerebro sabía lo que iba a pasar y mandó una señal al resto del cuerpo: ¿Estas seguro? La respuesta fue clara y, a cámara lenta, tuve el esperado encuentro.. el suelo me robó un beso.
Después nos reímos mucho... y luego me fuí, porque a mí no me gusta que me obliguen.


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