Sunday, March 9, 2014

¿Donde vas Caperucita?

Cap. I. Lo importante no es llegar, si no el camino en sí. O eso decían.

Ayer nos sentíamos mujeres de campo. Queríamos andar, pero no andar de dar un paseo de señoras... andar de verdad así que le pedí al señor que me dio la vida que me mandara por correo una ruta bonita de andar por el monte.
Yo creo que abrió el libro de rutas por una página al azar y señalo una con los ojos cerrados, porque bonita, lo que se dice bonita... pues no.

Era sábado y madrugamos, porque si, por placer... y llegamos en coche al fantasmagórico pueblo de población un anciano, que era donde empezaba la ruta.
Empezamos muy bien porque no sabíamos por que camino era (señalización cero...) Y claro, apareció el lobo de turno en furgoneta para indicarnos el susodicho camino... la ruta, que supuestamente en su totalidad era de 2 horas y media, convirtiose en 6 horas... y yo quiero echarle la culpa al señor, porque nosotras a buen ritmo ibamos...

Allí estábamos en pleno monte, siguiendo caminos de forma intuitiva, hasta que llegamos a un punto en el que había cuatro senderos y un letrero, tan claro como el resto del camino... Tiramos para delante, hasta que vimos que todo aquello era bosque virgen y ya no había camino... regresamos al punto confuso y elegimos otro camino. Parecía el bueno..

Como el interés paisajistico era nulo, nos entreteníamos buscando un palo que nos sirviera de cachava, pero ni eso iba a darnos la ruta.
Aparecimos en una carretera pero teníamos que llegar a otro pueblo, o eso decía la teoría... encendimos el GPS porque somos de campo, pero también modernas... y nos mandó carretera abajo.
Empezamos a bajar y veíamos que había dos casas y el resto campo amarillo... ¿Dos casas se considera pueblo? No sabíamos pero no creíamos.
Decidimos retroceder y meternos por un caminejo del bosque, empezó a parecernos interesante porque había charcos y era un elemento nuevo en nuestra aventura. Pero el camino, como todo en la vida, terminó.
Yo me negaba a volver atrás sobre mis pasos así que intenté convencer al resto de que atravesar un campo en forma de duna desértica era lo mejor que podíamos hacer para volver al punto de donde veníamos (el pueblo no pueblo de dos casas).

Descendimos todas sin problemas, y llegamos a la carretera atravesando plantas de la muerte... pero la niña de ojos de mar pensó que las zarzas eran sus amigas y en el momento antes de pisar carretera, se lanzó a darles un abrazo. Se quedó ahí, presa de su amor... hasta que alguien la desenganchó. Ella no paraba de decir que el rosal la había hecho daño como si estuviéramos dentro de una canción de Mecano y nosotras no parábamos de decirla que era una zarza y no un rosal.

Ella estaba convencida de que iba a morir por culpa del zarzarosal, pero como sabe primeros auxilios, se colocó una tirita de dibujos y continuó el camino sin problemas.
Nos dimos cuenta de que no íbamos a ninguna parte y recurrimos al gps de nuevo, que, si antes nos había mandado por ese camino... ahora decía que para arriba.  Añadiré para no alargarme, que cuando estabamos arriba nos volvió a mandar para abajo, pero lo apagamos.

Encontramos vida, concretamente una familia completa metida a presión en un coche pequeño que nos indicó que el pueblo estaba a ''10 minutos'' y por supuesto era mentira.

Llegamos. Comimos. Un chico de entre 0 y 12 años nos echó de la plaza porque tenía que dar marcha atrás. Hubo pérdidas. Encontramos un bar. Descansamos en la hierba.

Después de descansar las que descansaron... es decir, la hippie del Bierzo haciendo yoga y la cocos durmientes... Pues arrastre a las otras a unas cuevas infestadas de arañas y bichos. Pues porque soy así, muy de meterme donde no me llaman y de sufrir a lo tonto enfrentándome a mis fobias.
Encontramos el Santo Grial y luego volvimos a casa. Esta vez por el camino correcto. Camino feo como pocos, al lado de la autovía.

CONTINUARÁ.


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