Saturday, March 1, 2014

Yo he venido aquí a hablar de mi día


Una de las cosas más bonitas que puede tener una chica en su vida... es una bicicleta.

La relación que tengo yo con mi bici es hermosa, es un amor puro... Me ha tirado al suelo alguna vez, sí. Me ha clavado el pedal en la espinilla... también, pero pasan los años y ahí sigue conmigo, dispuesta a llevarme a sitios gratis, con la cadena en su sitio y los frenos a punto... y por eso la quiero.

El otro día fui a buscarla a la farola habitual al salir de la biblioteca, la desencadené con amor y comprobé que la rueda delantera estaba flojilla de aire... flojilla!? La niña de cabellos de oro y ojos de mar, que tenía su bici encadenada a la mía, empezó a vocear que sus ruedas no tenían aire... y oh, sorpresa... mis ruedas tampoco.
En vez de indignarme como siempre, reaccioné con la serenidad de una persona madura (debió de poseerme un espíritu del bien) y fuimos a la gasolina a hinchar las ruedas. Mi bici resucitó, pero la bici de la pequeña histérica tenía un pitorrito hipster que no podía hincharse con el pitorro convencional de gasolinera... por respeto a su bici fui caminando con la mía de la mano, hasta que al llegar al hogar, padre planta sacó su bomba de aire y sacó del coma a la otra.

Tras este drama y ataque gratuito, estuvimos elaborando una lista de sospechosos... incluso interrogamos a dos... pero no llegamos a ninguna conclusión, eso si, el caso no está cerrado y desde aquí juramos vendetta.

Ahora que mi bici está recuperada, pensé que podría dormir tranquila... volví a mi ciudad natal, donde se duerme sin despertador y la cama está bien hecha, pero el universo no quería dejarme tranquila y me dio una noche de hermosas pesadillas que dan para libro y/o saga de terror.

La primera emocionante aventura de mi noche, fue colarme en una mansión de millones de metros cuadrados que estaba un poco cochambrosa pero sobrevivía al paso del tiempo... allí había murciélagos de tamaño considerable que estaban muy enamorados de mi pelo y saltaban sobre mí cabeza ( Esto en realidad lo guardaba mi subconsciente de un trauma real investigando hospitales de tuberculosos con mis amigos los aventureros)
El caso es que en ese palacete vivía una especie de Luis XVI con su peluca y todo, que empezó a llamarme con una voz de las cavernas desde una de las habitaciones... y claro, yo me asusté un poco y salí pitando del lugar, que derrepente se llenaba de gentes estiradas con la cara de porcelana..
Luego en la calle me ayudaba una señora que tenía el síndrome de tourette pero en la cara, esto es, que de vez en cuando se le ponía cara de asesina psicópata y me intentaba matar.. pero yo seguía a su lado e intentaba grabarle un vídeo cuando le pasaba eso...  porque debo ser idiota y querer morir o algo así.

Esta aventura acabó derrepente y acabé en la warner, mucho más escalofriante... era feliz y entraba en el parque... pero no podía salir de la zona de restaurantes y todo se convirtió en un infierno colorido... yo seguía el mapa para ir a la casa de Piolin pero reaparecía en la zona de restaurantes.
Tengo un cerebro perturbado y caprichoso, que le voy a hacer...

Hoy me pregunto que nuevas aventuras me deparará el universo cuando ponga mi cerebro a reposar...

Para terminar el día, me voy a la cama sabiendo que mis padres no me quieren... porque ambos se han ido a la cama sin avisar y me han dejado viendo la teletienda.

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