Friday, April 4, 2014

Conversaciones con el 2005


Hay señoras a las que, mientras hacen la lavadora, las visita una moderna para hablarles de lejía... pues hoy yo me he reaparecido a mí misma en forma de recuerdos dentro de un cd.

¿Porqué guardaba toda la mierder habida y por haber en cd's? Pues no sé, puede que en un pasado que yo no recuerde, se le apareciera mi ''yo'' actual a mi ''yo'' pasada y le dijera: guárdalo todo.
Y me lo he tomado en serio, porque sigo teniendo revistas de adolescente por ahí en mi cuarto... de cuando S-club7 estuvo de moda (hecho significativo ya que estuvieron de moda entre uno y dos días)

El caso es que el universo ha querido que hoy buscara esos cd's de diogenes y todo ha cobrado sentido... ¿Qué contenían? Para empezar, un montón de selfies que nunca han visto la luz del sol ni han pisado tuenti... unas fotos mucho más intimas que las de los famosos desnudos, unas fotos en las que creía que salir con cara de estatua romana era buena idea.
Esas autofotos (que era como se llamaban antes de ser una cosa de moda) tenían una razón de ser... están ahí para enseñarme que por fea o falsa que sea mi sonrisa actual, siempre será mejor que esa cara de estatua de cera que ponía, incluso los morritos de pato son mejor que esa cara de fallecida maquillada, para que os hagáis una idea.
Mis fotos a partir de ahí están patrocinadas por mis pinzas de depilar porque, a ver... yo tampoco he sido una persona de tener unas cejas donde podía vivir una familia de yanomamis, o con las que podrías hacerte un abrigo.. tenía unas cejas normales, con sus pelitos por aquí y sus pelitos por allá, como los pajaritos de MªJesús. Luego dejé de tener cejas, porque me emocionaba con las pinzas y me hacía un Alaska.. y esas cejas extremas están ahí en esas fotos para recordarme que ni tanto ni tan calvo.

Otra estupidez que guardaba eran algunas conversaciones del messenger... ¡del messenger señores!
Y el messenger molaba, claro que sí... eran tiempos mejores, tiempos en los que el móvil no era un órgano vital y el ordenador estaba ahí para un ratito.
Y claro... ¿para qué guardaba yo mis conversaciones de quinceañera? Pues porque el cerebro es muy traidor y se acuerda de lo que quiere... y tu te crees que tenías una adolescencia preciosa llena de amor y amistad hasta que lees las conversaciones de tu vida y mira, no.

Y ahora entiendo porqué he luchado tantos años con mi madre por conservar mierders.












No comments:

Post a Comment