Monday, April 7, 2014

Los lunes al sol..


Hoy era un día de esos que tienes que aprovechar en la calle... porque aprovecharlo hubiera sido ponerme definitivamente con el ejercicio de publicidad, pero mira... no.
Esperé a que los rayos asesinos del sol se marcharan, enganché la cámara y dije... Ala, por aquí.

Era un camino nuevo, feo al principio... luego empecé a ver casitas y un poco de marginalidad y me pregunté: ¿Donde voy? Pues recto.
Impactaron en mis retinas unas casonas monstruosas de gente millonaria y entonces mi cerebro quedó confuso... en ese rincón de Burgos se encontraban todas las clases sociales concentradas, como el zumo.
Empecé a ver vida, niños correteando por los parques... ahí fue cuando me di cuenta de que estaba en un sitio muy raro porque en el centro de Burgos no conseguí ver a nadie feliz todavía, aunque a lo mejor era porque nunca antes había salido el sol.

No sabía donde estaba y no encontraba nada decente a lo que sacar una foto, pero seguí caminando abandonando la recta para meterme por callejitas... porque a mi eso de perderme por un pueblo rarer burgalés sin batería en el móvil pues no me daba miedo.
A todo esto, debía yo de llevar un moquete haciendo puenting o la palabra 'forastera' en la frente porque se me quedaban mirando todos los habitantes de ese pueblo, sin excepción... incluso oí a una niña preguntarle a su madre: ¿Qué es eso? , cuando pasé por delante de su jardín.
Un hombre de gorra roja, regalo promocional de sobaos Martínez seguramente, me miró intensamente... tan intensamente que se paró en medio de la calle... y claro, cambié mi ruta por miedo a ser amada sin consentimiento, porque yo en sudadera y sin peinar soy muy sexy.

Salí de ese pueblo de miradas como cuchillos y acabé en un puente conocido, me tranquilizó ver mujeres jóvenes y perros. Pero ocurrió de nuevo, las mujeres se fueron y un anciano, esta vez de gafas de lupa, se paró a observarme... me toqué la nariz y no, no tenía ningún moquete.
Huí hacia una señora que ayudaba a su hija a hacer pis y cuando vi cerca la ciudad, escapé a paso ligero.
Llegué a un sitio abandonado donde seguramente se fabriquen y consuman drogas, y se oían ruidos raros, como de hombretón descuartizando a mujercita con la radial... el temor a que mi cámara sufriera daños, me hizo descartar la idea de meterme yo sola en naves abandonadas pero mis pies andaban rodeando el recinto... mi cerebro decía: venga, para, vuelve a casa... pero mis pies seguían hacia delante.

Lo que encontré... nada. Pero estaba yo ya volviendo a casa en paz conmigo misma, viendo como en el suelo había restos de amor seguro adolescente.. cuando pasaron mis amigos agentes de policía.
Se pararon porque yo con sudadera, sin peinar y cámara en mano, además de sexy parezco muy peligrosa, una femme fatale vaya...
HOLA. Me dijo el que conducía... así, de sopetón. Y contesté lo mismo.
¿Estás buscando algo? contestó... Yo aquí ya no sabía que decir porque no sé que pensarían de mí, les iba a decir que setas pero se me ocurrió contar la verdad.... ''No, estoy haciendo fotos'' y les enseñé la cámara en plan...¿Veis? Con esto se hacen fotos...
¿Eres de la prensa? formuló el agente... Yo aquí ya tenía miedo porque no sé, que iba a hacer una señora de la prensa en medio de un prado verde... y claro, dije que no... el otro hombre contestó por mí: ¿Estás haciendo un trabajo? Y contesté que si porque esa conversación ya me estaba poniendo nerviosa, sentía que me iban a llevar presa, no sé... era más fácil también decir que si a explicar que era una persona normal que había salido a dar un paseo y hacer fotos, porque sí, por placer.

Se fueron... y cuando ya estaba decidida a ir a casa, el señor de la gorra de sobaos Martínez paso en su vehículo bicicleta, aunque esta vez pasé desapercibida.

Una vez en el puente y no conforme con la productividad de mi tarde, decidí sacar una última foto... la más peligrosa, incluso más que haberme metido en aquel pueblo de raros...
Era una araña, enorme, gorda, fea... sobre su tela de araña, claro. Me acerqué todo lo que mi cuerpo me dejaba, que no era mucho... y lo intenté, juro que lo intenté... pero entonces ella se movió, yo me asusté mucho muchísimo y abandoné la tarea.
Por lo visto, me gusta aprovechar las tardes de calor para pasar miedo.

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