Thursday, July 10, 2014

El blanco es por las caras, el rojo por el tinto.


El verano empezó el 5 de julio. Mi amiwi de nombre comestible y yo, teníamos un viaje programado a la hora que ponen las calles. Nos encajamos en los asientos del tren como bichos bola y en un abrir y cerrar de ojos estábamos en Navarra..
La niña de ojos de mar fue a buscarnos a la estación en plan romántico y en el trayecto a su hogar, la palanca de cambios sufrió un accidente... se decapitó. Entre la risa y el miedo a la muerte, logré recolocar la cabeza de la palanca mientras la del pelo de oro se volvía loca y hacía todo tipo de números y letras con el coche..

Horas y sueños después, madrugábamos de nuevo para volver a viajar. Las ganas podían al sueño y cuando nos quisimos dar cuenta estábamos rodeadas de gente vestida de blanco..  mucha gente. Se oyó un cohete y toda esa gente se volvió loca de encerrar porque empezaba la fiesta.. Este día aprendí a volar porque avanzaba sin tocar el suelo con los pies..
Descubrí que ser bajita es una desventaja en las multitudes porque no te escabulles entre las piernas de las personas, como yo pensaba, si no que te quedas antes sin aire y mueres.
Pero a mi me hicieron con cuello de cisne y pude sacar un poco la cabeza al mundo para dar bocanadas de aire y olores corporales... Una mujer se enamoró de mi pelo y me lo intentó quitar, pero ya le dije que no era posible y tiré de él como si aquello fueran las rebajas y yo una persona normal.

Después de un rato de demasiado calor humano, vimos la luz. Fuimos a montar campamento a un sitio lejano pero soleado y entonces los vimos.. susurraban nuestros nombres.. bailaban de lado a lado seduciendonos.. tomamos una decisión y la agrícultora especializada en garbanzos fue a elegir uno de aquellos globos de helio.
Creo que esta pequeña aventura explica, en parte, porque tengo la voz como si fuera la niña del exorcista.

Ratos después empezó a llover al ritmo de los tambores africanos y poseídas por el ritmo ragatanga dejamos que la lluvia nos calara hasta el dni, pero daba igual, eramos felices.
Al caer la noche, la niña de ojos de mar desapareció, dijo que volvería y la esperamos, y esperamos, y esperamos... pero no lo hizo.
En todo este tiempo que se olvidó de nuestra existencia, la vejiga empezó a adquirir protagonismo pidiendo, urgentemente, que se la vaciara. Mi fe en la humanidad hacía que siguiera pensando que la niña de ojos de mar volvería, eso me llevó a planear una estrategia: La del nombre comestible permanecería en el punto de encuentro al son de los tambores mientras yo buscaba un establecimiento en el que contentar a mi vejiga.

Una persona normal hubiera seguido una calle recta y elegido un bar al azar... yo no. ¿Qué más daba estar en una ciudad extraña? Ningún bar me gustaba.. mucha gente, muy oscuro, música de llorar... solo iba a visitar el w.c peeeeeero.
Empecé a meterme por callecitas, cada vez más callecitas... y así aparecí en los confines, tardando una eternidad como si fuera de las que se maquillan en el baño.
Finalmente encontramos a la niña de ojos de mar que se había escondido en una estación de buses con un vasco kamikaze.

Muchos acontecimientos después llegaba el día y la hora de reencuentro con la cama.. por lo que andamos hasta una estación muy muy lejana...
En el camino nos encontramos con un pariente de Don Limpio y amigos... era un hombre simpático que quería entrar en nuestra conversación de dos rombos porque le intrigaba pero era malo eligiendo caminos cortos y nos perdió de vista en un puente.
Un chico demasiado limpio y desorientado preguntaba cómo ir a las piscinas, la verdad es que no sabíamos donde estaban pero una cosa era clara: se llegaba andando. Claro que para qué quería él andar hasta unas piscinas que a saber dónde estaban teniendo un río al lado.. (la gente está loca)
Al llegar a la estación... sorpresa, no había trenes hasta el día del juicio final, así que andamos hacía atrás todo lo andando..hicimos uso práctico de los cursos de inglés del Magic English.. y finalmente llegamos al punto de partida: Los autobuses.

Llegamos a casa sin pies y como nuestra ropa era mágica, ahora era morada... pero no nos importaba y tampoco era suficiente..







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